Introducción
Con el objetivo de lograr mejores desempeños académicos, los hacedores de políticas educativas han realizado enormes inversiones para poner tecnología en los colegios. Sin embargo, la escasa evidencia de que la tecnología incrementa el desempeño académico, ha llevado a que algunos críticos de la tecnología en las aulas estén preguntándose si los recursos y tiempo dedicados a la tecnología pueden producir más incrementos significativos en el desempeño académico si se focalizan en otras necesidades educativas.
Por ejemplo, en los últimos quince años EEUU ha incrementado dramáticamente sus gastos en tecnología para las aulas de sus colegios. Dichos gastos superan los 5 billones anuales y son invertidos bajo el supuesto o creencia de sus gobernantes, administradores y líderes educativos que “alambrar los colegios, comprar software y hardware y, distribuir equipamiento a lo largo y ancho, debería conducir a un abundante uso en las aulas por los profesores y alumnos y, de este modo mejorar la enseñanza y el aprendizaje” (Cuban, Kirkpatrick y Craig, 2001). Asimismo, los críticos de la tecnología en el aula han planteado interrogantes sobre cuál es el tipo de retorno que los colegios logran acerca de estas inversiones. Nuevamente, Larry Cuban ha sido rápido en hacer notar que sus encuestas sugieren que menos del 20% de los profesores usan tecnología varias veces a la semana y que más de la mitad del total de profesores no usan tecnología para nada. Aún, si los profesores usan tecnología, Cuban concluye que pocos emplean estas herramientas para mejorar la enseñanza y el aprendizaje.
Asimismo, según el National Center for Education Statistics (NCES, 2000) casi todos los profesores de colegios públicos de EEUU (99%) reportan tener computadoras en sus colegios. Adicionalmente, la conectividad a Internet en las aulas (K-12) alcanzó la marca del 95% en el 1999 (Web-Based Education Commission, 2000). Sin embargo, el NCES reporta que el 70% de los profesores aún no se sienten bien preparados para usar computadora en su enseñanza.
Así, el poco uso de la tecnología por parte de los profesores y la escasa evidencia de logros académicos nos llevan a preguntarnos, ¿cuáles son las dificultades de la integración curricular de las TIC? ¿cuáles son las barreras de integración de TIC dentro de la sala de clase?
Aquellos que apoyan la tecnología educativa en los colegios continúan creyendo que la tecnología puede hacer la diferencia en el desempeño académico, pero tienden a confiar sobre evidencias anecdóticas acerca de la motivación del estudiante y su desarrollo de habilidades de pensamiento crítico, para apoyar sus creencias. Existe aún poca investigación basada científicamente para medir la efectividad de la tecnología. Algunos investigadores hacen referencia a la dificultad para aislar a la tecnología como una variable dentro de una buena instrucción, pero también están encontrando que en circunstancias correctas, la tecnología juega un rol positivo para realzar el desempeño académico.
Evidencia de efectividad de las TIC
Últimamente, un creciente número de investigadores han publicado estudios que proveen de sustancial evidencia de que la tecnología puede jugar un rol positivo en el desempeño académico. Algunas organizaciones como Edutopia, el North Central Educational Lab (NCREL) y el Center for Applied Research in Educational Technology (CARET) están documentando una serie de investigaciones que entrelazan la tecnología con el desempeño académico.
Harold Wenglinsky (1998) reporta un interesante estudio que refleja el rol que la tecnología juega en el desempeño académico. El estudio denominado “Does it Compute: The Relationship between Educational Technology and Student Achievement in Mathematics”, concluye que para los grados cuarto y octavo, la tecnología ha tenido “beneficios positivos” sobre el desempeño en la prueba de matemáticas del NAEP (National Assessment of Educational Progress). Pero también argumenta que no todos los usos son beneficiosos. El uso de computadoras para enseñar habilidades de pensamiento de orden inferior fue correlacionado negativamente con el desempeño académico. En contraste, los profesores que tenían a sus estudiantes usando computadoras para resolver simulaciones vieron que los resultados en matemáticas se incrementaron significativamente. Cuando Wenglinsky exploró las razones por qué los profesores usaron tecnología de diferentes maneras, encontró que el desarrollo profesional fue la diferencia entre aquellos profesores que usaron software para ejercitación y aquellos quienes usaron software para crear simulaciones.
Harold Wenglinsky (1998) reporta un interesante estudio que refleja el rol que la tecnología juega en el desempeño académico. El estudio denominado “Does it Compute: The Relationship between Educational Technology and Student Achievement in Mathematics”, concluye que para los grados cuarto y octavo, la tecnología ha tenido “beneficios positivos” sobre el desempeño en la prueba de matemáticas del NAEP (National Assessment of Educational Progress). Pero también argumenta que no todos los usos son beneficiosos. El uso de computadoras para enseñar habilidades de pensamiento de orden inferior fue correlacionado negativamente con el desempeño académico. En contraste, los profesores que tenían a sus estudiantes usando computadoras para resolver simulaciones vieron que los resultados en matemáticas se incrementaron significativamente. Cuando Wenglinsky exploró las razones por qué los profesores usaron tecnología de diferentes maneras, encontró que el desarrollo profesional fue la diferencia entre aquellos profesores que usaron software para ejercitación y aquellos quienes usaron software para crear simulaciones.
El estudio de Wenglinski resalta la importancia de lo observado por Michael Fullan, que “mientras más potente viene a ser la tecnología, se hace más imprescindible de un buen profesor” (Fullan, 1998). Por lo tanto, si se espera que los profesores usen tecnología en maneras en que enriquezca y realce el desempeño del estudiante, se debe proveer a los profesores con el desarrollo profesional que ellos necesitan para desarrollar confianza y habilidades para aplicar la tecnología, y además comprensión de cómo la tecnología apoya la educación basada en estándares.
Asimismo, a continuación se resumen algunos de los más interesantes logros de efectividad documentados por CARET:
La tecnología es mucho más influyente cuando es integrada con el currículo y en evaluación. En una revisión de estudios, el CEO Forum on Education and Technoloy (2001) concluye que la tecnología puede tener grandes impactos cuando es integrada dentro del currículo para alcanzar objetivos claros y medibles.
Las aplicaciones tecnológicas que facilitan la colaboración entre estudiantes propician mejores desempeños. En un estudio, alumnos elementales de grado superior usaron una herramienta de colaboración llamada Computer Support Intentional Learning Environment (CSILE) que permite a los estudiantes y profesores crear y enviar texto y gráficas para responder preguntas, buscar respuestas de otros estudiantes, entregar retroalimentación sobre las respuestas de los estudiantes, trabajar y reformular sus respuestas iniciales y dudas. Estos estudiantes lograron mejores resultados en pruebas estandarizadas de lectura, lenguaje y vocabulario, y sobre el promedio en profundidad de comprensión, múltiples perspectivas y pensamiento independiente que aquellos estudiantes que no usaron el software (Scardamalia y Bereiter, 1996). Asimismo, estudios de casos conducidos en nueve colegios (urbanos, suburbanos y rurales) sugieren que la tecnología puede apoyar el aprendizaje de los estudiantes a través de investigaciones colaborativas. La tecnología provee de ambientes reales y complejos, equipando con herramientas de investigación y recursos para enlazar aulas y empalmar investigaciones (Jeans y Olson, 1997).
La tecnología mejora el desempeño cuando la aplicación se adapta a la capacidad del estudiante, prioriza la experiencia y provee retroalimentación para los estudiantes y el profesor, acerca de los desempeños de los estudiantes y de su progreso con la aplicación. Por ejemplo, las aplicaciones de software que proveen retroalimentación sobre el progreso de los estudiantes pueden ayudarles a aprender mejor la física. Un grupo de estudiantes de física, de los grados sétimo, octavo y noveno, usaron software (ThinkerTools) que les permitió ser concientes de donde iban en el proceso de su investigación y reflexionar sobre su propia investigación y las de sus compañeros. Estos estudiantes fueron más capaces de aplicar principios de mecánica newtoniana en situaciones del mundo real que aquellos alumnos de los grados once y doce que no usaron el software (White y Frederiksen, 1998).
La tecnología mejora el desempeño de los estudiantes cuando la aplicación es integrada dentro de la instrucción diaria. Kulik (2003) encontró que las simulaciones de computadora (p.59) y los Instructional Learning Systems (ILS) (p.25) son efectivos sólo cuando son integrados dentro de la “instrucción regular de aula”.
Las aplicaciones informáticas para enseñar matemáticas, usadas en el aula demostraron ser más efectivas que en el laboratorio. Un grupo de alumnos del quinto grado tuvo acceso a las computadoras de su aula con software basado en estándares, junto con instrucción del profesor basada en estándares. Estos estudiantes tuvieron notables resultados en matemáticas y en los resultados totales que aquellos estudiantes que experimentaron el mismo currículo y la tecnología en el laboratorio (Mann et al., 1999).
Las aplicaciones informáticas para enseñar matemáticas, usadas en el aula demostraron ser más efectivas que en el laboratorio. Un grupo de alumnos del quinto grado tuvo acceso a las computadoras de su aula con software basado en estándares, junto con instrucción del profesor basada en estándares. Estos estudiantes tuvieron notables resultados en matemáticas y en los resultados totales que aquellos estudiantes que experimentaron el mismo currículo y la tecnología en el laboratorio (Mann et al., 1999).
No obstante la evidencia de efectividad de las TIC, la preparación de los profesores sigue siendo una de las principales preocupaciones, específicamente aquella relacionada con la transición que deben hacer del uso de la computadora para prácticas repetitivas hacia un enfoque más integrado en el currículo.
En el siguiente apartado se hace referencia a una serie de dificultades que conlleva el proceso de integrar de manera efectiva recursos TIC dentro del currículo.
Dificultades de integración curricular de TIC
A los profesores se les bombardea con la idea de que las computadoras deben ser parte integral de las actividades de su clase. Pero, sigue siendo un desafío fundamental para muchos profesores el cómo usar la computadora en la creación de oportunidades de aprendizaje innovadoras para sus estudiantes. Algunos profesores afortunados reciben entrenamiento en el uso de software y hardware, pero muy pocos son entrenados para integrar las TIC en sus programas. Dias (2001) hace referencia a cuatro preguntas comunes que no se hacen o no se responden, cuando los colegios empiezan a implementar TIC en la instrucción que imparten:
- ¿Qué es y qué no es la integración?
- ¿Dónde y cuándo se produce integración?
- ¿Cuáles son las barreras de integración?
- ¿Cuáles son las etapas en la integración de TIC?
Estas preguntas pueden afectar la forma cómo los profesores perciben la integración de tecnología, cómo utilizan las computadoras y cómo aceptan los cambios que suceden cuando la tecnología llega a sus salas de clase.
Se presume que la integración de la tecnología incrementaría el logro de los estudiantes, pero tal como afirman Hall y Hord (2001), la prisa con que pretendemos determinar el efecto de las innovaciones educativas sobre los estudiantes, nos lleva a equivocarnos en una cuestión fundamental: la primera interrogante que surge es si la innovación fue implementada como pretendíamos. Pues, sin evidencia de que la implementación ha ocurrido, las conclusiones de los efectos sobre los estudiantes pueden no tener fundamento.
Asimismo, los estudios que demuestran el grado y la manera en que la tecnología ha sido implementada, se basan con frecuencia en encuestas a profesores y administradores (por ejemplo: Apple, 1996; Becker, Ravitz y Wong, 1999) o estudios de casos de aulas seleccionadas. Estos estudios reportan información importante pero a la vez limitada. Algunas entrevistas reportan percepciones de los practicantes de la tecnología (profesores, alumnos,...) pero no se conoce si su definición de integración tecnológica coincide con la de los hacedores de políticas y planificadores. Esto hace en cierto modo que nuestro conocimiento sobre la efectividad de la integración tecnológica sea un poco difuso y vago. Los estudios de casos proveen información interesante sobre el tipo de integración tecnológica que está ocurriendo en situaciones especiales, pero la pregunta es cómo expandir esta experiencia a los otros colegios. Así, profesores y administradores creen que la tecnología se esta usando y que algunos profesores lo están usando bien, pero existen pocos datos que verifiquen el éxito de los esfuerzos de integrar tecnología a gran escala.
Además, muchas innovaciones educativas no son simples innovaciones, sino más bien un atado de innovaciones (Hall y Hord, 2001). Esto es especialmente evidente en integraciones tecnológicas. Primero, no se involucra un simple tipo de equipo, sino una variedad de computadoras personales, redes de computadoras, cámaras digitales, proyectores LCD y PDA (asistentes digitales personales). Estos son arreglados en una multitud de combinaciones desde centros de cómputo a salones individuales con variada cantidad y configuración de tecnología. Además, herramientas de productividad (procesadores de texto, bases de datos, hojas electrónicas) y de comunicación (Internet, e-mail), software para temas específicos que acompañan ejercitación y práctica, así como también sofisticadas simulaciones. Finalmente, la implementación de estas innovaciones toma lugar desde el jardín hasta la escuela secundaria, y los atributos de integración efectiva pueden no ser los mismos a través de estos niveles.
Pero, la integración exitosa de tecnológica no sólo requiere del conocimiento de la tecnología y su potencial uso sino también de habilidades para planear y ejecutar una buena lección (de la cual la tecnología es sólo una parte); es decir, la integración tecnológica está entrelazada con aspectos de la enseñanza. ¿Existe un nivel básico de habilidades de enseñanza a dominar antes de que la tecnología sea aprovechada? ¿Si la tecnología es poco o inadecuadamente usada en tales aulas, puede atribuirse esto a una falla del entrenamiento del profesor o al staff del programa de desarrollo de tecnología, a la escasez de voluntad o una falla para detectar y remediar el déficit de enseñanza que existe independientemente de la cuestión tecnológica?
Otro aspecto problemático de la integración tecnológica es el hecho que toma lugar en un ambiente cambiante. La tecnología cambia dentro y fuera del colegio superando nuestra capacidad de evaluar lo que estamos haciendo. Por lo tanto, las evaluaciones de integración tecnológica son esencialmente formativas. En otras palabras, durante el tiempo en que un instrumento de evaluación es desarrollado, probado su validez y confiabilidad e implementado, los cambios ya deben haber ocurrido. Hall y Hord (2001) manifiestan que la mayoría de cambios en educación toman de tres a cinco años para ser implementados en un nivel superior. Cinco años atrás, el uso de Internet tenía escasa penetración en los colegios. Esto debe ser tomado con cautela para aquellos que buscan la perfección en el proceso.
Barreras de integración de TIC en la sala de clase
Aunque, muchos profesores reconocen la importancia de usar tecnología dentro de su sala de clase (Roblyer, 1993), numerosas barreras pueden bloquear sus esfuerzos de implementación. Este rango de barreras va desde los miedos personales (¿Qué debería hacer si la tecnología falla y mi lección se detiene? ¿Cómo debería obtener la confianza que necesito?), pasando por las cuestiones técnicas y logísticas (¿Cómo empaqueto este software para trabajar? ¿Dónde y cuándo debería usar computadoras?), hasta lo concerniente a cuestiones organizacionales y pedagógicas (¿Cómo puedo asegurar que los estudiantes logran pericia con la computadora sin descuidar otros contenidos importantes? ¿Cómo puedo integrar la computadora dentro de las demandas actuales del currículo?). A pesar de que muchos profesores encaran estas barreras, la literatura sugiere que la sola presencia de una de ellas puede impedir significativos usos en la sala de clase (Hadley y Sheingold, 1993; Hannafin y Savenye, 1993; Hativa y Lesgold, 1996).
Brickner (1995) extiende el concepto de cambios de primer y segundo orden (Cuban, 1993; Fullan y Stiegelbauer, 1991), para caracterizar a estos obstáculos como barreras para el cambio de primer y segundo orden. Los cambios de primer orden hacen referencia a una adaptación de las tecnologías a las actuales prácticas, haciéndolas más eficientes y efectivas; por ejemplo, usar la computadora como una hoja de trabajo para revisar o examinar un tema. De otro lado, los cambios de segundo orden confrontan creencias fundamentales de las actuales prácticas, conduciendo a nuevas metas, estructuras y roles (por ejemplo, conversaciones electrónicas con un autor para explorar el contexto cultural y político de una historia más que escribir un resumen de lo que el libro reporta). Además, considera que las barreras para el cambio son factores intrínsecos y extrínsecos que afectan a los esfuerzos de implementación de innovaciones por parte de los profesores (p. xvii). De este modo, las barreras de primer orden para la integración de tecnología son descritas como cuestiones extrínsecas a los profesores, las cuales incluyen escasez de acceso a las computadoras y software, tiempo insuficiente para planear la instrucción e inadecuado apoyo técnico y administrativo. En contraste, las barreras de segundo orden son aspectos intrínsecos a los profesores e incluyen creencias acerca de la enseñanza, creencias acerca de las computadoras, las prácticas establecidas en la sala de clase y poca voluntad para el cambio. Mientras muchas de las barreras de primer orden pueden ser eliminadas asegurando recursos adicionales y proveyendo de entrenamiento en habilidades de computadora, enfrentar las barreras de segundo orden requiere desafiar sistemas de creencias y rutinas institucionalizadas de prácticas pedagógicas. Por lo tanto, en términos de integración tecnológica, esto puede requerir una reformulación de las nociones básicas de la cultura del colegio respecto de lo que constituye el contenido y sus aplicaciones, lo que comprende el aprendizaje y el tiempo comprometido, y aún, los comportamientos que implican la enseñanza con TIC (Fulan y Stiegelbauer, 1991).
Zhao et al. (2001) realizan un interesante estudio sobre la comprensión de las condiciones bajo las cuales las innovaciones tecnológicas pueden tomar lugar en las salas de clase. El estudio describe un escenario en el cual deberían articularse el innovador (profesor), la innovación (proyecto) y el contexto (colegio) para que la integración de recursos TIC en la sala de clase sea viable y exitosa. De manera particular, los hallazgos hacen referencia a siete importantes factores que impactan significativamente (facilitando o impidiendo) el grado de éxito de proyectos de innovación tecnológica dentro de la sala de clase. Asimismo, cada uno de estos factores es ubicado en uno de los tres dominios interactivos considerados: el innovador, la innovación y el contexto. También, establecen que la contribución de estos tres dominios no es equitativa en el éxito de las innovaciones tecnológicas, es el innovador el que tiene la mayor influencia. Al respecto, los investigadores expresan, “cuando el profesor era altamente capaz, [sus] proyectos parecían tener una mejor posibilidad de alcanzar el éxito” (p. 33).
Con relación al innovador (profesor), se identifican tres características significativas fuertemente vinculadas con la integración efectiva de innovaciones tecnológicas: (1) su pericia tecnológica para usar software y hardware, y una comprensión de las condiciones que apoyan el uso de la tecnología, (2) su compatibilidad del estilo de enseñanza con el contenido, software y hardware, y (3) su conciencia social de la cultura y la organización del colegio.
Asimismo, se identifican dos dimensiones relacionadas al éxito de los proyectos de innovación tecnológica fueron: (4) “distancia” del proyecto desde la cultura, organización y recursos del colegio, y (5) dependencia del proyecto sobre la gente y los recursos, más allá del control inmediato del profesor.
En lo que respecta al contexto del colegio, los aspectos más significativos y vinculados al éxito del proyecto de innovación tecnológica fueron: (6) la infraestructura humana y el apoyo de pares, y (7) la infraestructura tecnológica y los recursos, tales como fácil acceso a hardware, software y conectividad a Internet.
BECTA (2004), a través de un estudio de la literatura de investigación relacionada con el uso de TIC, por parte de profesores y la aplicación de una encuesta a practicantes (profesores, directores, coordinadores de TIC, instructores, diseñadores de currículo), puso en evidencia una serie de barreras y de elementos facilitadores que existen en los colegios y que impiden o animan a que los profesores hagan uso efectivo de las TIC en su sala de clase.
Las principales barreras identificadas por BECTA, hacen referencia a la falta de confianza y ansiedad de los profesores frente a los computadores, la falta de competencia, la falta de acceso a recursos TIC, la falta de tiempo, problemas técnicos, resistencia al cambio y actitudes negativas, la no percepción de los beneficios, el impacto de evaluaciones públicas y, las diferencias de edad y género.
En lo concerniente a aquellos elementos facilitadores de integración de TIC, el estudio BECTA puso en evidencia lo siguiente:
La mayoría de los profesores que integran de manera efectiva las TIC tienden a usar una variación del modelo centrado en el profesor. Esto significa que para que los profesores hagan uso total de las TIC en su trabajo es necesario que hagan cambios radicales en la manera o forma de cómo enseñan.
Las características personales de los profesores constituyen una fuerte influencia para que hagan o se animen a hacer una innovación, por ejemplo, la implementación de TIC en su salón de clase.
La existencia de tres niveles de uso de computadora: (a) para apoyar el currículo, (b) para enriquecer el currículo y (c) para facilitar un currículo emergente. Lo cual implica que el entrenamiento debería ser diferenciado para cubrir las necesidades de los profesores para cada uno de estos niveles.
Además, existe la necesidad de estrategias para apoyar el desarrollo de los profesores en el uso de TIC: estrategias basadas en el colegio y estrategias de apoyo externo.
En resumen, este contexto investigativo pone en relieve la complejidad del proceso de integración efectiva de recursos TIC en el currículo. A su vez, implica un desafío para estudiar en profundidad dicho fenómeno y así lograr una mejor comprensión de las condiciones que deben existir en un contexto educativo específico, de modo que las innovaciones tecnológicas sean efectivas para los aprendizajes de los alumnos y la enseñanza de los profesores.
Asimismo, la evidencia de efectividad de las TIC, documentada por organizaciones como Edutopia, el North Central Educational Lab (NCREL) y el Center for Applied Research in Educational Technology (CARET) y los hallazgos de BECTA en lo referente a elementos facilitadores de integración efectiva, deben ser tomados en consideración para comprender el contexto para el éxito de integrar TIC en el ámbito educativo.
Conclusiones
Conclusiones
La integración curricular de TIC es un proceso complejo que requiere mayor estudio y la urgente necesidad de sistematizar las evidencias de efectividad sobre el uso de la tecnología.
Se debe considerar la escasa evidencia como referencia para comprender el contexto de éxito para la integración de TIC. Por ejemplo, la evidencia sugiere que los aprendizajes basados en problemas (ABP) constituyen un interesante contexto para usos efectivos de TIC con el objeto de lograr mejores desempeños académicos; así como también, aquellos usos de TIC para simulaciones.
Se debe considerar la escasa evidencia como referencia para comprender el contexto de éxito para la integración de TIC. Por ejemplo, la evidencia sugiere que los aprendizajes basados en problemas (ABP) constituyen un interesante contexto para usos efectivos de TIC con el objeto de lograr mejores desempeños académicos; así como también, aquellos usos de TIC para simulaciones.
Existe la necesidad de preparar a los profesores para usar tecnología de manera efectiva, lo cual significa que se tenga que adoptar nuevos modelos de desarrollo profesional. La evidencia sugiere que los profesores necesitan trabajar con sus colegas, dentro y más allá de su colegio. Necesitan de la posibilidad de aprender de otros éxitos y fracasos, además de compartir ideas y conocimiento (The National Center for Research on Teacher Learning, 1995).
Existe la necesidad de más investigación sobre el impacto de la tecnología dentro del aula, a través de investigaciones cualitativas que ayuden a comprender el fenómeno de la integración de TIC como parte integral de un proceso educativo.
Bibliografía
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